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¡Holocausto en Topo Chico!

  • Por Oliverio RODRÍGUEZ HERRERA
  • 1 mar 2016
  • 3 Min. de lectura

Así fue mencionado en medios noticieros de tv la masacre y crímenes de 43 asesinados en ese “Centro de Readaptación” en el penal de Topo Chico, Nuevo León, y nos dieron una lista de lo mismo que ha sucedido en otros penales de ese gran estado, así como en varios de nuestro querido México.

Independientemente de las culpas que han tenido sus gobiernos municipales, el estado y el federal por no tener recursos para sostener la seguridad en dichas prisiones, con nuevas tecnologías, y suficiente personal de vigilancia, había que hurgar por qué tanta criminalidad, por qué tanto cartel de drogas.

Existen para mí varios motivos de la creciente criminalidad en la actualidad.

México, como varios países, se caracteriza por ser sangriento, y la historia nos dice que en el mundo, desde el principio de su creación, el hombre asesina y sacia su sed de sangre.

Según la Biblia, el primer asesinato de los hijos de Adán y Eva fue cuando con una quijada de burro Caín mató a Abel, y la maldad y la perversidad nació cuando Eva le dio a Adán del fruto prohibido, simbólicamente azuzada por una serpiente.

Y así en la historia del hombre se sucedieron estos hechos, hasta nuestra actualidad, y hasta dentro de las religiones fanatizadas, como hoy los sirios, y otros.

En México nos cuentan de los sacrificios humanos de inocentes para sus dioses de piedra o a diferentes deidades.

Todos los seguidores de Cristo, sus profetas, fueron asesinados de forma cruel por sus creencias religiosas, así como los héroes del mundo en sus diferentes regiones.

En la actualidad, la falta de buenos sentimientos, que deberían ser fomentados en el hogar, en las escuelas, en las iglesias y en los gobiernos, donde persiste la inmundicia y el mal ejemplo dada la desmedida ambición de estos últimos, la pobreza en que se tiene hundida a nuestra nación hace que el hambre y la necesidad de los más pobres caigan en la tentación de hacerse de comida y bienestar para sus familias al involucrarse en el torbellino de la maldad, pisando y masacrando a sus semejantes.

Sí, no sólo los gobiernos son los culpables de lo que pasa en este mundo. Somos todos los hombres que descuidamos los valores familiares (ojo por ojo diente), que descuidamos a nuestros gobiernos y que callamos por temor a represalias, señalando arbitrariedades y sueldos estratosférico que se designan mientras nos debatimos entre millones de pobres.

Todos los días vemos noticias de secuestros, violaciones y asesinatos. Las comunicaciones instantáneas nos tienen al tanto, provocando entre nosotros miedo y zozobra a los que tenemos familia al conocer esta realidad, pues no sabemos si van o vamos a regresar a casa sanos y salvos.

¿Acaso somos nosotros mismos los que destruiremos nuestro planeta?

Dios no nos castiga, ¡somos nosotros mismos los que escogemos el camino hacia nuestro exterminio! Dios nos previene, ¡y la decisión es nuestra!

Hagamos un análisis de nuestras actitudes y pensemos en nuestros seres queridos y pugnemos porque todas estas ignominias sean cosa de la historia, y transformemos primero nuestro entorno familiar, municipal, el estado y el federal, el educativo, las religiones, para ver de nuevo un sol que nos ilumine con satisfacer honradamente nuestras necesidades más apremiantes y recuperemos esa tranquilidad que hemos perdido, con más fuentes de trabajo y la realización de obras de bien común por parte de nuestros gobiernos,

Si todos dejamos atrás la maldad e intereses egoístas, puede que lo logremos.

Mientras tanto no perdamos la esperanza de ver un nuevo día donde resplandezca la bondad, la paz, la justicia, y que el sacrificio de nuestro Dios, santos y héroes hayan valido la pena para darnos un mundo mejor.

Matamoros, Coahuila, febrero de 2016.

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