¡Perdónanos, Señor!
- Oliverio RODRÍGUEZ HERRERA
- 1 mar 2016
- 2 Min. de lectura
Imagino tu tristeza, tu decepción,
al ver a tus hijos a quienes hiciste
a tu semejanza, según la Biblia,
desconociéndote a cada instante.
Sí, negándote constantemente
con ominosos pecados
desde tu partida al Cielo, y me pregunto…
¿Valió la pena tu sacrificio?
Porque a pesar de conocer nuestra infidelidad
a tu palabra y a tus milagros, a través
de tus mismos apóstoles, excluyendo a algunos
que exhibieron su falsía y traición,
continuaste cargando la cruz hacia el cadalso
pidiendo perdón a tu Padre para nosotros,
porque no sabíamos lo que hacíamos.
Persiste el ejemplo de Caín y Abel,
no hemos comprendido tu amor.
Y todavía más…
En tu nombre se han efectuado
guerras entre hermanos.
En la misma Roma,
donde hoy están tus sucesores,
se escenificaron terribles matanzas
en el Coliseo Romano;
sus ruinas dan fe de estos hechos.
Pasaron cientos de años de tu nacimiento,
y apareció Mahoma formando
otra religión: la Musulmana,
con su promesa de ganar el paraíso
de miel y de leche, defendiendo a “Alá”, su Dios,
con sus vidas, inmolándose en sacrificio, matando
a los que consideran sus enemigos, y destruyendo sus ciudades;
esto sucede desde hace varios miles de años.
En los actuales tiempos,
continúan acabando con sus contrarios
y de sus supuestos enemigos,
sino también la de sus propios hermanos.
La historia lo cuenta, y qué pena,
en el lugar donde naciste, Belem,
y la tierra que pisaste, Israel y Palestina,
irónicamente ¡nunca ha habido paz!
Después con motivo de la corrupción
(según la historia) de los que se
autollamaron tus representantes,
se separó la iglesia que cediste a Pedro
naciendo el Protestantismo de Lutero,
involucrado con monarquías Anglo Sajonas.
La guerra de las Cruzadas fueron protagonizadas
por los mismos Cristianos y le llamaron ”Guerra Santa”:
Católicos contra Protestantes,
inmiscuidos en lucha fratricida por el poder terrenal,
durando muchos años en pelea constante.
La llamada “Santa Inquisición”
es otra muestra de lo que el hombre
ha hecho a la humanidad,
desvirtuando tus deseos.
¡Qué vergüenza dan las notas periodísticas de pederastia
en Iglesias de diferentes religiones bajo tu nombre,
donde sólo debe de existir tu ejemplo y palabra!
¡Corriste de tu templo a los mercaderes
que hacían negocio en el lugar sagrado
de adoración a tu padre!
No hemos aprendido, con tu imagen
y la de tu santísima Madre
los humanos hacemos negocio.
Tú, humilde, predicando en caminos difíciles
con sandalias y llagas en tus pies,
contrasta con los palacios y derroche de lujo
donde encendemos veladoras
para seguir pidiéndote
piedad por nuestros pecados.
¡Oh, Dios! No te merecemos, somos testigos
de la descomposición de tu mundo.
Los Jinetes del Apocalipsis que anunció San Juan
están arrasando el Paraíso que nos preparaste
en este mundo bello, de cielo limpio,
de abundantes alimentos.
Poco a poco desapareceremos
debido a las grandes naciones de
América, Europa, Asia y otros más,
que en su egoísta afán de poderío
destruyen la naturaleza contaminándola,
siendo conscientes que el daño que hacen
también acabará con ellos.
Cada día nos enteramos de crímenes aberrantes,
del crecimiento de la drogadicción,
siendo atraídos por el torbellino de la inmundicia
que no quieres para tus hijos.
¡Nos dicen que tu bondad es infinita, y que es muy fácil
conseguir tu perdón con solo arrepentirnos!
¡PERDÓN, SEÑOR!, por nuestra hipocresía,
por no haber aprendido de ti y tus profetas,
por ver inmutables tu sangre derramada.
Sé que tu semilla está sembrada en muchos
corazones, tengo fe en que al final
muchos seremos redimidos porque con cada
lágrima de los que sufren, los masacrados
y abusados junto con sus familias
lavarán tus pies, y tú pondrás tu diestra sobre nuestras sienes
como signo de perdón a la ceguera de tus hijos.
Matamoros, Coahuila, enero 27 de 2009