Roberto Ramírez Rocha, el personaje de los niños
- Por Agustín ARELLANO FARÍAS
- 29 feb 2016
- 4 Min. de lectura
Roberto Ramírez Rocha es todo un personaje matamorense, apreciado y querido por chicos y grandes. Es el joven que interpreta al personaje famoso de la película Shrek, y en temporada de Navidad interpreta a Santa, llevando los regalos para que algunos niños vivan esa fantasía propia de su niñez.
Roberto es un joven que nació en Matamoros, Coahuila, el 25 de marzo de 1978, y sus padres son don Cruz Ramírez Esparza y su madre doña Nazaria Rocha Delgado. Estudió en la Escuela Primaria “Cámara Junior” ubicada en el barrio El Galeme.
De complexión robusta, a los seis años comenzó a barrer los Autobuses Rojos de Matamoros. A los 11 años ya manejaba un camión. La secundaria la estudió en el INEA, en sus ratos libres. En la Cooperativa trabajó durante 10 años. Se cambió como maletero y chofer con Autobuses Tito’s por largos 12 años, recorriendo gran parte de las carreteras del país y conociendo ciudades como Guadalajara, Auejutla, Hidalgo, Chilapa, Guerrero, todo México, todo el Bajío, desde ciudades como Puebla hasta la ciudad de Tijuana, San Juan de los Lagos, León, Aguascalientes y otras más.
Rolando Cuéllar y su esposa Argentina Escobedo (La Gallinita) le presentaron a Martha Georgina Mancinas Zúñiga, hija del “Joven”, un personaje legendario que vivió en la casa del Chalet. Roberto y Martita se hicieron novios y se casaron un 18 de noviembre, hace 13 años.
En el año 2001 aparece la película de Shrek. Hilda Ayup le dice a Gordo: “¿Por qué no te vistes de Shrek?”. Bivio se va pensando a su casa. Al paso de los días comenzó a comprar pintura verde, y un 30 de abril aparece una enorme figura pintada de verde. A muchos nos asombró, los niños lo seguían; fue un éxito. Comenzaron a ir los domingos a la Alameda de Torreón donde se tomaba fotos con los niños. Su figura colosal despertó el interés del ingeniero Raúl Onofre, quien lo invitó a que lo acompañara al Congreso Nacional en la Ciudad de México. Durante cuatro días “Shrek” fue la sensación. El papel de Fiona, la compañera de Shrek, lo interpretaba Goyita del Toro. Cuatro días disfrutó en el Hotel Fiesta Inn.
Pasa el tiempo, algunos meses después Hilda Ayup le dice: “Gordo, ¿por qué no te vistes de Santa Claus?”, Roberto le contesta: “No estoy loco”. Pasaron unos días y Martha su esposa le dice: “Oye, amor, estaría bien que te vistas de Santa”. Roberto mandó confeccionar su traje de Santa. En diciembre apareció Santa Claus con su trineo. Ofreció el servicio de entregar regalos la noche del 24 y resultó un éxito; eso sí, le cuesta trabajar toda la noche.
En una ocasión se les ponchó su camioneta. Le puso la refacción y se le volvió a ponchar, se le calentó el motor, y solicitaron un taxi para terminar su recorrido y cumplir con los compromisos, acompañado de su esposa Martha. En otra Noche Buena, al hacer su recorrido toda la noche los siguió un carro; eran unos borrachos. Las escuelas y Jardines de Niños lo solicitan para las fotos del recuerdo.
Mientras Bivio nos platica sale su pequeño hijo José María a jugar; también sabe reír como Santa. Dice: “Muchos niños sí viven la fantasía, otros se esconden debajo de la cama, pero gritan: ‘Que se vaya, pero que me deje los regalos en el Árbol’”. Todo el mes de diciembre trabaja aquí en Matamoros, Francisco I. Madero, San Pedro, y hasta de Parras de la Fuente vienen por él.
En un kínder de Torreón fue contratado para tomarse unas fotos vestido de Santa con los niños. Bivio llegó, los niños se colocaron para la foto, faltaba una niña que permanecía alejada. Bivio le llama: “¡Véngase, m’ija, para la foto!”. Dice la maestra: “Es que la niña no tiene para la foto”. Bivio le contesta: “No importa, yo le regalo la foto”. La niña se coloca con el grupo. Bivio le dice: “Voltee, m’ija, mire para la cámara”. Contesta la niña: “No veo nada”. La maestra le dice a Bivio: “La niña no tiene ojitos”. Roberto se sorprendió, la abrazó, le dice: “Mi traje es rojo”. La niña le contesta: “¿Y qué es rojo?”. La niña le encargó una muñequita que rezara el Padre Nuestro la noche del 24.
De regreso a su casa, “Shrek” viene pensando cómo le va a hacer. Roberto le platicó a la dueña de un bazar sobre la niña que le impresionó tanto. Unos días después la señora le habló, entregándole un regalo de Liverpool; era la muñeca, se la obsequiaba. La noche del 24 de diciembre, Roberto y su esposa Martha comenzaron su trabajo a las 7 de la noche. A las 4 de la mañana entregaron en Vizcaya el último regalo. Enfilaron hacia Torreón, pasaron por el ejido Ana, llegaron a la colonia que la niña le indicó; afuera estaba el sillón rojo que como seña le dijo la niña. Dijo Bivio: “Aquí es”. Luego, por la ventana soltó la risa de Santa. Adentro se escuchó una vocecita de una niña que gritaba: “¡Mamá, mamá!, ¡ya llegó Santo Clos!”. Bivio le entregó su regalo. La niña no lo podía creer y se le rodaron unas lagrimitas. Dice Bivio: “Me quebré completamente, y lloré”. Me dice la niña: “¿Por qué lloras?”. La niña me tocaba con sus manitas mi cara, mi barba, y gritaba de felicidad.
Al momento de platicarme esta triste experiencia, se le rueda una lágrima de sus ojos. Bivio, un gran ser humano de noble corazón.