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¿Te piensas casar sólo por capricho?

  • Oliverio RODRÍGUEZ HERRERA
  • 27 may 2016
  • 2 Min. de lectura

La ilusión de los padres es que sus hijos sean felices. Para ello deben educarse enseñándoles los valores de respeto y convivencia familiar.

Los errores que cometen los padres les obligan a prevenir a sus retoños para que no cometan los mismos errores.

Y hablando de convivencia familiar, debe de mencionarse que los hijos tienen derecho de ser guiados y educados al querer casarse.

En la actualidad vemos matrimonios que no duran porque se dejan llevar por la pasión, y cuidado, ¡la pasión ciega! Existen jovencitas y jovencitos que sin pensar en un buen futuro, para tener un hogar completamente feliz primero tienen la obligación de cumplir con las expectativas y recomendaciones de los padres y no seguir siendo niños caprichosos que quieran hacer lo que les dé su gana y el apresuramiento en casarse sin haber cumplido primero con estos preceptos; sólo ocasionarán un matrimonio que irá al fracaso.

En las telenovelas y algunas historias se dice que primero es el amor, pero para que éste perdure se tienen que acatar ciertos requisitos.

Cuando los hijos tienen la fortuna de que sus padres les ayudan a costear una carrera y haciendo sacrificios se les proporciona lo más indispensable, tienen la obligación éstos de escuchar a sus papás, que aunque no tengan ya la patria potestad, por el simple hecho de querer lo mejor para sus hijos, éstos deben de cumplir con la carrera que les dará un futuro para su esposa y sus hijos, de modo que tengan que ofrecer lo más indispensable dentro del hogar, aparte de una casa y un trabajo que garantice su futuro, porque sin esto, con el tiempo, por apresuramiento de uno de los dos enamorados, caminarán juntos por un camino lleno de escollos y necesidad y los podría llevar al fracaso.

Con la modernidad se han perdido estos valores, y hay que hacer un llamado a nuestros hijos para que no se pierdan en la pasión porque no son personajes de un cuento de hadas, donde sólo podrán vivir de amor y caricias, que éstas sólo perdurarán si existe verdadero amor, sacrificando su tiempo de arrumacos estudiando y trabajando para que verdaderamente el matrimonio sea una casa de comprensión y cariño.

Una vez escuché de un cura: “¿Para qué te vas a casar?”. Y la contestación era: “Para hacer feliz a mi esposa”. Y a la esposa se le preguntó lo mismo y ella tenía que contestar: “Para hacer feliz a mi marido”.

Un verdadero amor por el otro es esperar esta solidez, y a la buena convivencia con los familiares a los que se deben y que siempre estarán ahí para aconsejar y guiar.

Así que hay que darse tiempo para que esa unión sea en bases sólidas para el éxito de un buen matrimonio.

Matamoros, Coahuila, mayo 18 de 2016

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