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El drama de Anita

  • María Carolina
  • 27 may 2016
  • 2 Min. de lectura

Esa noche, Anita, cansada de esperar a su marido Reynaldo, se quedó dormida. Ella sabía dónde estaba, la enfermera del barrio lo pregonaba; tenía meses saliendo con él.

Sus hijos dormían en la otra habitación, tranquilos, sin imaginar la realidad.

Antes del amanecer, llegó Reynaldo, como los ladrones, haciéndose el digno y molesto por todo.

Anita evitó pelear, estaba cansada del cinismo de su marido y de verlo aparentar ser el mejor de los hombres, de no querer reconocer sus fallas y voltearle siempre la moneda.

Triste, pero responsable, se apresuró en la mañana a planchar los uniformes de sus niños y preparó el desayuno, mientras escuchaba las críticas de su marido.

Anita llevó a sus hijos a la escuela y se encontró en una de las cuadras a la enfermera Rosalba, quien le dirigió una mirada de burla y superioridad mientras se alejaba con su minúscula falda, atrayendo las miradas de los señores que a esa hora salían rumbo a sus trabajos.

Anita continuó su camino y una vez que dejó a sus niños en la escuela, se encaminó a la Iglesia, donde arrodillada dejó correr sus lágrimas y su sentimiento. Ahí frente al altar, duró un rato. Eso la hizo recobrar el ánimo y el valor para regresar a su casa y al llegar se alegró de que Reynaldo se hubiera ido.

Con mucha paz se dedicó a limpiar su casa y se dio prisa para preparar la comida, ya que su vecina le traería de regreso a sus hijos.

En eso sonó el teléfono. La llamada era de la oficina de su marido. Una secretaria le llamó para informarle que se había presentado un tipo muy molesto reclamando a Reynaldo el por qué acosaba a su mujer que resultó ser la enfermera. Se dieron de golpes y en el forcejeo Reynaldo cayó por la escalera y se fracturó una pierna y el “ofendido” salió huyendo.

En esos días la enfermera se fue del rumbo y Reynaldo verdaderamente avergonzado no se atreve a mirar de frente a su mujer, que lo ha cuidado sin reproches. Ahora se da cuenta Reynaldo cuánto vale Anita y se ha prometido portarse bien y ganarse nuevamente su confianza y cariño, aunque esto le lleve mucho tiempo.

También con sus hijos ha cambiado. Les ha hecho sentir su amor y protección. Pero es Anita su mujer, la que le ha dado una gran lección de apoyo cuando no lo merece. Es ella la que con su humildad se ha hecho grande ante él, que ahora sólo quiere hacerse perdonar por ella.

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