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Don Luis H. Álvarez; la huelga y la historia Un verdadero luchador por la democracia en México ha fa

  • Recopiló: Agustín ARELLANO FARÍAS
  • 28 may 2016
  • 2 Min. de lectura


En la elección intermedia de 1983 en Chihuahua, el PRI sintió el primer gran embate de la oposición. El PAN le tumbó la mitad de los votos y 70 por ciento de la población gobernada. En la elección de Gobernador tres años después, tras una reforma electoral amañada y a modo el PRI le pasa por arriba al PAN.

Luis H. Álvarez, entonces Presidente Municipal de la capital chihuahuense, inició una huelga de hambre que duró 40 días. No revirtió el resultado electoral, pero generó un tsunami: atrajo la atención de los medios internacionales sobre el problema de la democracia en México; logró la movilización de la sociedad civil que inauguró en aquellos días los actos de desobediencia civil, entre ellos el cierre de los templos en Ciudad Juárez ordenado por el obispo Manuel Talamás (que puso de cabeza y furibundos al Gobierno Federal y al Nuncio Prigione); generó una conciencia de lucha conjunta entre izquierda y derecha por un objetivo común: la democracia. De hecho fue uno de los grandes líderes de la izquierda en aquellos años, Heberto Castillo, entonces líder del Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), quien lo convenció de dejar la huelga y seguir juntos la lucha democrática.

El fraude electoral de 1986 en Chihuahua requirió de una cuidadosa y exhaustiva preparación de la que se encargó personalmente desde su despacho en Bucareli Manuel Bartlett Díaz, el entonces secretario de Gobernación de la Administración Delamadridista, y hoy senador demócrata y nacionalista por el PT, cercanísimo a Andrés Manuel López Obrador. Digamos que esa elección representó una síntesis de las pillerías urdidas durante décadas por el Partido de la Revolución para conservar el poder. A pesar del cerco informativo, el caso chihuahuense trascendió y provocó protestas y adhesiones muy significativas, como la célebre carta firmada por más de 20 intelectuales que pedían la anulación del proceso electoral dada la cantidad y gravedad de las irregularidades. Vinieron enormes manifestaciones, acciones de resistencia civil, plantones, bloqueos carreteros, tomas de puentes internacionales. A la denuncia y la protesta se sumaron todos los partidos políticos de oposición, la Iglesia Católica, organizaciones campesinas, los organismos empresariales. Nada detuvo al Gobierno y su partido. El 1 de octubre, el priísta Fernando Baeza Meléndez, el usurpador, tomó posesión como Gobernador del Estado rodeado el recinto de un impresionante cerco militar, mientras en la plaza pública más de 30 mil ciudadanos le expresaban su repudio.

Don Luis H. Álvarez hizo muchas cosas antes, entre ellas ser candidato a Presidente de la República en el 58, y muchas después, como ser presidente de su partido y comisionado para la paz en Chiapas, pero fue la huelga de hambre de 1986 lo que realmente convirtió al chihuahuense en uno de los grandes precursores de la democracia mexicana y lo que le abrió una página en la historia.

Del libro de: Francisco Ortiz Pinchetti.

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