Amar y expresarse, eso es libertad
- María Carolina
- 24 dic 2016
- 3 Min. de lectura

Cuando Marianita Cardiel se enamoró de Fermín Campos veía las cosas maravillosas, ya que ella, ingenua e ilusionada, tenía el ejemplo de sus padres que con amor y respeto la encaminaron en un mundo incierto, pero no le dijeron que las rosas, además de belleza, también tienen espinas.
Fermín creció en un ambiente diferente, lleno de violencia. Su padre los golpeaba por el menor motivo, y su madre le tenía pavor y vivía sometida en una cárcel de humillaciones en donde no había respeto ni alegría.
Pero nada importa cuando existe el amor, y así, Marianita no hizo caso de nadie y se casó con Fermín, y al verse en un ambiente tranquilo, Fermín cambió y demostró su lado bueno, pero fue temporal, porque aprovechaba cualquier detalle que no resultara bien para echárselo en cara a Marianita, que a todo trataba de darle solución. Luego Fermín comenzó a tomar y se transformó por completo. Por esos días nació Thalía, una niña hermosa y llena de vida, y Fermín, aunque se alegró, podía más su machismo y sus ideas, y aunque deseaba abrazar a su hija, no lo hizo.
Sería de tristeza o por los golpes recibidos… Marianita no volvió a tener más niños. Por ese motivo Marianita derramó como un torrente todo su amor en Thalía; no así Fermín, que sólo la veía de cerca. Una tarde, Marianita se fue al mandado y la niña, que había crecido, se quedó haciendo su tarea. Llegó Fermín tomado y no encontró la botella que escondía en cierto lugar, lo que bastó para tomarla a golpes contra su hija. Cuando llegó Marianita, encontró inconsciente a su hija, lo que bastó para que tomara valor y lo denunciara. Cuando llegó la policía por él, Fermín se puso broncoso, pero ante los hechos y los derechos dobló las manos y se fue de la casa. Marianita recibió la custodia de su hija y se puso a trabajar en un salón de belleza. Pronto destacó y comenzó a ganar más hasta que con sacrificios y tiempo puso su propio salón.
Ya Thalía era Licenciada en Recursos Humanos. Los tiempos duros habían pasado y la casita llena de flores y música se veía alegre y tranquila.
Un día llegó un hermano de Fermín, muy serio, quien les informó que Fermín agonizaba; sus excesos le estaban cobrando la factura. Ellas se miraron y consideraron su deber ir a verlo.
Cuando llegaron, lo vieron en una cama, delgado, y su rostro estaba muy demacrado. Les pidió perdón y les entregó una cajita que contenía cartas para Thalía en las que le decía todo el amor que le tenía desde su nacimiento, pero nunca se lo dijo porque así lo habían criado a él. A Marianita le dejó una sola carta, la cual le pidió leyera cuando él ya hubiera muerto. No duró mucho, tomando las manos de ambas, Fermín falleció con la tranquilidad que se negó él mismo por su forma de ser.
Al día siguiente, Marianita leyó la carta que decía así:
Marianita,
Siempre que te recuerdo se humedecen estos ojos que no llenaron de verte, y el amanecer sorprende mi pena sobre esta almohada y se estremece mi cuerpo, y aún se rebela mi alma.
¿Cuántos años han pasado, mi dulce amor adolescente? ¿Dos, seis, 10 o 20?, ¡nunca serán suficientes para borrar de mi mente tanto amor que tú me dabas!
Por qué te ofendí aquel día, siguiendo en mi mar un faro, nunca como tú me amaron, pero el machismo mandaba y el orgullo me venció.
Muchas veces, desesperado, marqué el teléfono de la que fuera mi casa, y con sólo oír tu voz me llenaba de esperanzas. Sonreía todo el día y se aquietaban mis ansias. Escuchaba melodías que antes no tenían sentido, pero hoy me hablan de ti, en un pasado que aún es mío.
He rebelo contra el tiempo, contra aquel débil momento en que actuando como un necio cambie AMOR por libertad, y deseo que sea un mal sueño y quisiera despertar, y tenerte aquí muy cerca y no dejarte escapar. Mas despierto convencido que no te tendré ya más; cómo pude hacerte daño y hoy llegar a ser extraño de tu cariño y mi hogar.
Y es que cada día amanezco creyendo que es pesadilla, esto que hice de mi vida y lo deseara borrar. Tengo que decirme siempre: “¿Esto es lo que me merezco?”. Yo maté lo que antes hubo ¡y por eso debo pagar! Tuve a la mujer más noble que me juró amor eterno ante Dios en un altar, ¡y me quemo en el infierno de esta triste soledad!
Y así, sin que tú lo sepas, con el orgullo en el suelo le pido perdón al Cielo por haberte amado tanto y reconocer llorando que TODAVÍA TE QUIERO, que ¡TODAVÍA TE QUIERO!
PERDÓN, MARIANA QUERIDA, PERDÓN.
Fermín
Nota: Es muy triste no romper esquemas ni sufrimientos vividos, ni superar obstáculos, y es más sano dejar atrás el pasado y luchar por una vida mejor.