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Le torcieron el pescuezo

  • Por Fidencio TREVIÑO MALDONADO
  • 27 ene 2017
  • 3 Min. de lectura


Ladremos -dijo el lobo-, ahora los perros son los amos.


Para nuestra Clase o Casta Divina, el tener una gallina significa también ser dueño de una canasta de huevos y sólo meter la mano y tomar uno o dos. En un cuento, metáfora o moraleja irlandesa, se cuenta que había un hombre pobre que caminaba por el bosque y ahí se le aparece un duendecillo y le regala una gallina, recomendando que la alimente y la cuide, y esta rara gallina puso un huevo de oro que el hombre vendió y así este aldeano pobre, con los huevos de oro de su animalito se convirtió en un hombre próspero al grado de que era un potentado y el más rico de la aldea, esto gracias a que cada día la gallina ponía un huevo de oro. Sin embargo, la envidia, la soberbia y sobre todo la ambición desbordó al hombre y mató, y a la vez destripó a la gallina para sacarle todo el supuesto oro que él suponía tenía o guardaba dentro, y fatídica fue su sorpresa al no encontrar nada del oro. De ahí que esta lección o cuento está escrita en cientos de idiomas y es la misma la moraleja: “Matar la gallina de los huevos de oro”. El matar gallinas o pollos es de mil maneras, y un de ellas, sobre todo en los ranchos, era o es torciendo el pescuezo.

No sólo al petróleo nuestra clase política le ha retorcido el cuello, y poco a poco lo está matando, sino que desde hace tiempo también a nuestros desiertos y selvas, a la poca agua dulce (mantos freáticos) la rentan o venden, y ni qué decir de los minerales, en donde nuestros jefes han rentados, vendido y regalado a los extranjeros todos los metales para que ellos sigan alimentando a esta gallina, y desde luego estos extranjeros y monopolios no son tan pendejos como nuestros jefes para matarla, al contrario, ellos la siguen maiciando $$$$.

La estratagema de la Casta Divina es seguir con el mismo tango o bolero de siempre: ser catastróficos y que el pueblo pague esas tragedias, como el cataclismo en los bancos. Como perverso ejemplo está el ROBAPROA que el pueblo aún paga a los millonarios dueños de los bancos.

Que el petróleo baja, y ahí va el pueblo harapiento a defenderlo. Cuando sube, como ahora a 50 dólares el barril, ni quién de los jefes voltee, y de nuevo Juan Pérez Ajolote sale a su defensa con los precios altos. Ahora es un extranjero de nombre Donald Trump, que con el petate del muerto quiere asustar al país y ya hasta algunos Gobernadores, en su esplendoroso y colectivo pendejismo, dicen estar preparados para recibir a nuestros connacionales que Míster Trump devolverá; si el país no tiene para solventar gastos. Para los que pagamos impuestos, no tiene servicios de salud, de educación… menos empleos. Entonces pues ¿de qué país o Estados hablan estos Gobernadores? Seguimos siendo aquel país que en los años cincuentas retrata el Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz, en su ensayo “El Laberinto sobre la Soledad”, en donde somos más sombra, que luz, y aunque estemos rodeados de millones de personas, estamos solos. Esto, desde siempre, porque la autoridad la ostentan uno dos personas a lo máximo, un grupo reducido, y este hace y deshace a su antojo, y de ahí que ya le está torciendo el pescuezo a la gallina. Y para el pueblo han cerrado las válvulas de aquel que decía el zacatecano López Velarde, “El petróleo lo escrituró el diablo”.

La gallina ya está con el pescuezo retorcido. Al pueblo le toca desplumarla, destriparla y cocinarla para servirla a nuestra bien pagada clase política. ¿Esto será hasta que el pueblo quiera o por toda la eternidad? Escoja.


Sugerencias y comentarios: kinotre@hotmail.com

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