Por algo pasan las cosas
- María Genoveva MEZA MARTÍNEZ
- 24 mar 2017
- 5 Min. de lectura

Fue en diciembre de 2014, fecha en que esta historia se comienza a hilar; bueno, eso es lo que yo pensé, y más delante se darán cuenta de que no fue así.
Una familia que, desde que nací, conozco, de esas familias en las que cada niño miembro de ella tiene su Niñito Dios, se reunían a rezar como cada año para levantar a todos los Niñitos del Nacimiento. Siendo yo sólo una invitada más, se acerca la señora de la casa y me dice: “Ándale, viste al Niñito, que su madrina no pudo venir; así, aunque le pongas el mismo vestido”. Así lo hice, y el Niñito traía su brazo suelto (estaba quebradito de su brazo). Como pude acomodé el brazo de tal manera que se quedara detenido en la manga de su vestidito. Días más tarde, recibo la visita de la mamá de ese Niñito para pedirnos a mí y a mi entonces ya pareja, apadrináramos al Niño, ya que lo había abandonado su antes madrina. Con gran placer aceptamos tal bendición. Así transcurrió un año y al llegar la fecha de volver a vestir al Niño y levantarlo, nos presentamos mi pareja y yo a cumplir con la promesa, y todo transcurrió muy bien hasta que vistiendo al Niño me percaté desde un principio de que el Niño no tenía aún su manita. Pregunté por su manita precisamente, a lo que la mamá responde que se le perdió. Proseguí y llegamos al punto de la Adoración del Niño, y mientras le cantaban las aromas y adoraban a todos los Niños, al igual que al que yo amadriné, les repito, por primera vez, algunas personas decían: “Mira, está manquito”, y algunos niños decían al adorarle: “No tiene una manita”. Esto en ese momento no pareció afectarme por mi emoción de repartir el bolo entre tanto pequeño que acudió a rezar dicho rosario del levantamiento del Niño.
Digo pareciera, porque qué sorpresa que el siguiente año, cuando recibo la noticia de la fecha en que se haría el rezo para levantar el Niñito Dios, mi primera reacción es decirle a la mamá: “Oye, ¿cómo ves si cambiamos al Niño por uno nuevo?; digo, porque ya no encontraste la manita”. Y su respuesta fue inmediata: “Sí, ¿verdad?”, me dijo, y sin yo dejarle hablar le dije: “Si quieres yo lo compro”. En eso quedamos. Yo compré el Niñito y de paso su vestidito para esperar la fecha indicada.
Se llega la bendita fecha y me percato que no llevé al Niño a bendecir. Regreso del trabajo, y después de hacer y dar de comer a mi familia, decido salir a comprar el bolo y las colaciones, pero de paso pienso en llevar al Niño a la iglesia, deseando poder llevarlo a bendecir. Me lo metí en la bolsa de un chaleco rojo, que por cierto era de mi madre. Partí rumbo a la iglesia y en el trayecto me encuentro con una pareja de adultos mayores de los cuales uno de ellos asiste en la iglesia colaborando con los sacerdotes cual monaguillo, y después de un afectuoso saludo le pido de paso me acompañe a pedir al sacerdote el favor de bendecir a mi Niñito Dios, a lo que éste me responde: “No será posible hoy, porque ellos se encuentran en una reunión todos, todos los sacerdotes”, pero me sugirió llevarlo el 2 de febrero, día en el que habría una procesión y después de la cuál habría precisamente bendición de Niñitos. Continué mi camino sin perder la esperanza que al pasar por la iglesia pudiera yo abordar a algún cura. Pero esto no fue posible, la señorita secretaría de la oficina parroquial me dijo lo mismo que mi amigo: “Están en una reunión todos los sacerdotes”, y al igual que mi amigo sugirió la bendición del 2 de febrero.
Entonces me dirijo a una dulcería, compro los bolos y unos chocolatitos en forma de huevitos, ya que al parecer no había las tradicionales colaciones.
Regreso a casa, y luego de guardar los bolos, saco un par de chocolates para llevar y compartir con mi pareja, pero al dirigir mis pasos a él me intersecta mi hijo y me dice: “Dame uno”. Extiendo mi mano para darle y por accidente se me cae de mi mano y prontamente me inclino a recogerla, por lo que accidentalmente se quiebra mi Niño Dios, que queda aprisionado entre mi vientre y pierna. Mi hijo al percatarse me dice: “No te preocupes, mamá, se puede pegar”. Dije a mi hijo: “POR ALGO PASAN LAS COSAS”. Entro a la habitación, y mi esposo tras de mí, ya enterado del percance, me abraza, y viendo mi tristeza me dice: “Podemos pegarlo”, y le respondo: “No, espera, este Niño aquí se quedará en casa, así con su manita quebrada, e iremos a levantar el mismo Niño que nos dieron para que lo apadrináramos”.
Me vio con gran asombro y preguntó: “¿Qué tienes? ¿Querías cambiar al Niño porque no tiene mano? Este tiene su mano, sólo necesitamos pegarla”. “No, POR ALGO PASAN LAS COSAS”, le respondo. “¿Sabes amor?, acabo de recordar un cortometraje que hace años vi. Trataba de un niño tuerto al que maltrataban otros niños y hasta adultos, sólo por ser tuerto, y no le hablaban por su nombre sino que le gritaban ‘Tuerto’. Su madre dolida por el sufrimiento de su hijo clamaba un milagro a todos los santos. Pedía ya no le dijeran tuerto a su hijo. Así es que recorría las poblaciones vecinas que celebraban a su santo patrono de su capilla y a cada uno le llevaba una ofrenda y una promesa con tal de ser escuchada y ya no le llamaran tuerto a su hijito. Ya cansado su hijo un día no quiso entrar a la iglesia y le dijo a su madre: ‘Aquí te espero mamita, tu pídele y yo aquí me quedo fuera de la iglesia, déjame ver la pirotecnia’. Así lo hiso y después de un rato mientras su madre postrada ante el altar con toda la fe del mundo suplicaba piedad para su hijo, al pequeño le cae un cuete en la cara, dañando así el ojo que tenía sanito. Fue así como se realizó el milagro: ya nadie más volvió a decirle tuerto a ese niño”. Luego de narrar a mi pareja este cortometraje y que también mi suegra e hijo lo escucharan, me dirijo a casa de mi comadre para pedir no fuera a retirar a aquel Niñito Dios manquito del Nacimiento.
Al llegar yo a esa casa, se encontraban platicando madre e hija, y al saludarles responden así: “Apenas estábamos hablando de ti y del Niñito Dios, decíamos que sólo le falta el brazo, que no está tan quebrado, que pobrecito, que por qué lo querías cambiar, que además ya cargaba con un historial de abandono porque su primera mamá después de tenerlo muchos años con ella, ya siendo una adulta mayor cambia de religión y decide deshacerse de él, y su nieta lo rescata pero al poco tiempo me lo regala y luego de encontrarle madrina veo con tristeza que esa madrina lo abandona, y cuando te lo ofrezco y veo que lo recibes con cariño no me imaginaba que hoy decidieras cambiarlo sólo porque le faltaba un brazo”. Después de escucharla interrumpo para decir que por eso estaba ahí para decirle que no lo cambiaría, y que yo no lo voy a abandonar.
“POR ALGO PASAN LAS COSAS”.