Matamoros, 91 años como ciudad

Siendo Gobernador del Estado Manuel Pérez Treviño, y Presidente Municipal Tomás Rodríguez de la Fuente, se da el decreto por el cual la Villa de Matamoros se convierte en Ciudad. Se da en el Periódico Oficial del Gobierno Constitucional del Estado Independiente Libre y Soberano de Coahuila, siendo director el Profr. Raúl M. Guzmán, con oficinas en el Palacio de Gobierno. En el Tomo XXXIII, número 17 en la página N° 2, con la fecha del sábado 27 de febrero de 1926, se publica y promulga el Decreto N° 108, artículo único en que se eleva a la categoría de Ciudad a la villa de Matamoros, Coahuila.
LA FUNDACIÓN DE MATAMOROS, COAHUILA
Oficialmente se ha quedado que Matamoros se fundó en el año de 1842. Pero los que vivimos en la Ciudad de Matamoros, Coahuila, tenemos otra información, la información oral que ha perdurado a través de los años, información que también está basada en datos precisos o fuentes dignas de crédito, registros de nacimientos, defunciones y matrimonios. Las primeras personas que se asentaron en lo que hoy es Matamoros, lo hicieron en el año 1809, siendo los hermanos Marrufo, por lo cual se le conoce a la Vega con ese nombre: Vega de Marrufo; no solamente vivían los Marrufo, sino otras familias que después citaremos más adelante. El libro de texto gratuito de tercer grado de la escuela primaria cita en 1811 que después de que Don Miguel Hidalgo y Costilla fuera hecho prisionero en Acatitla de Baján, en lo que hoy es el municipio de Monclova, junto con todos sus compañeros de armas, pasaron por el rancho El Gatuño, donde llegaron a descansar y recibir alimentos. Al proseguir su ruta hacia Chihuahua, pasaron por la Vega de Marrufo, donde llegaron a proveerse de agua y alimentos, encontrando familias en ese lugar.
Los presos enviados a Chihuahua fueron: Miguel Hidalgo, Ignacio José Allende, Mariano Jiménez, Juan Aldama, Pedro Aranda, Manuel Santa María, Francisco Lanzagorta, Vicente Valencia, Onofre Portugal, Juan Bautista Carrasco, José Santos Villa, Pedro León, Ignacio Camargo, Mariano Hidalgo, Agustín Marroquín, Mariano Abasolo y Luis Mireles.
La Ruta de Hidalgo se encuentra en avenida Zuazua y calle Guerrero, la Cabeza de Águila que señala el camino real por donde pasaron presos los iniciadores de la Independencia de México. Entre el espeso monte, los cerros y arenales habitaban osos, jabalíes, venados, leopardos, conejos, liebres, correcaminos, coyotes, codornices, águilas, cuervos, hurracas y muchos más.
En esos años en estos parajes poco o nada se supo de la guerra de Independencia, por lo que las personas que los vieron pasar nada les indicó que algún día serían considerados como héroes de nuestro país. Otro testimonio de la existencia de familias en la Vega de Marrufo es el ataque de los indios Rafael, Antonio y Chinche, que venían de asaltar la Hacienda de Hornos, indios que mataban y asaltaban a su paso lo que encontraban; asaltaron a las personas que aquí vivían. José Inocencio Perales, vecino de Álamo, tuvo la mala suerte de encontrarse con estos indios. Montando a caballo quiso huir, pero fue herido por una lanza que le arrojó el indio Rafael, penetrándole en la nalga izquierda y le salió por la rodilla. Este tipo de información se encuentra en los registros de la parroquia de Viesca, antiguo pueblo de San José y Santiago del Álamo, donde se anotaban bautismos, difuntos y matrimonios. El bautismo representaba el registro del nacimiento del niño, al no existir el registro civil. El 13 de diciembre de 1814, en el Álamo se sepultó a Margarita Adame, que murió en El Gatuño, donde vivía. En los libros parroquiales de Viesca se encuentra registrado el 5 de junio de 1818 el bautismo de Prudencia Párvula, nacida en la Vega de Marrufo, hija natural de Damiana Navarro; sus padrinos fueron José María Carrillo y Paulina Montoya. Según los testimonios que se encuentran registrados en la parroquia de Viesca, los primeros asentamientos tanto de la Vega de Marrufo y la Villa del Arenal fueron en la década de 1810.
El 8 de mayo de 1825 murió Estanislao López Párvulo, que alcanzó a que se le bautizara, en la Carrera. Antes de ser nombrado San Juan Nepomuceno de la Carrera, se le conocía como Villa del Arenal. El nombre de San Juan se da por sugerencias de los frailes que catequizaban la región y que tuvieron mucha influencia en poner los nombres a las rancherías y pueblos a las que iban catequizando. San Juan Nepomuceno había sido un antiguo fraile jesuita que catequizó la región años atrás. En su honor, Villa del Arenal cambio al nombre ya mencionado. El 1° de enero de 1925 se levantó un censo de población ordenado por el señor teniente de cura del Álamo, don José María Benegas. Comprendió el censo los poblados San José y Santiago del Álamo, Villa del Arenal, Santa Anna de los Hornos, San Antonio de La Laguna, la Punta de Santo Domingo, Aguajito, Bofedad, Aguichila y la Villa de la Nueva Bilbao, dando como resultado entre todos esos ranchos un total de 521 domicilios con una población de 3 mil 77 personas. En lo que corresponde a Villa del Arenal, había 23 domicilios con 144 habitantes. La construcción de estas casas era en su mayoría de quiote forrada de barro, o bien de ocotillo y algunas de adobes. Entre los apellidos que se encuentran registrados en esas familias tenemos a: López, Ramírez, Solís, Ortiz, García, Hernández, Argumedo, del Toro, Ceniceros, Aguilar, Adame, Méndez, de la Cerda, Palacio, Aguilera, Deras, Salinas, Castro, Menchaca, Reyes, Montoya, González, Balderas, Charcas, Fabela, Magallanes, Soto, Montelongo, Sauceda, Alvarado, Valverde, Olvera, Salazar, Salinas, Zavala, Recio, Perales, Mexia, Carrillo, Méndez, Ramos y Gutiérrez. Siendo los Ramírez, los López, los Adame y los Argumedo los más numerosos. En el año de 1825, Claudio Juárez Deras tiene dos años, según los registros; más adelante, vemos su destacada participación. En 1851 aparece como comisario de policía, tanto de San Juan Nepomuceno de la Carrera como de San José de Matamoros. A partir de 1825, aparecen en los registros de la iglesia de Viesca un buen número de personas fallecidas de diferentes edades y por diferentes causas. Así mismo se encuentran registradas al momento de ser bautizados todos los nacimientos.
El 8 de diciembre 1829 muere el dueño de la Hacienda de Hornos, don José María Herrera y Moreno, persona que en 1809 había expulsado a los pobladores de Saucillo, muchos de los cuales fueron a posesionarse en la Vega de Marrufo, el rancho de San José de Matamoros y Villa de los Arenales.
Como podemos ver, la fundación de Matamoros no se dio en una fecha exacta, sino que las familias se fueron posesionando de los terrenos en forma de “paracaidistas”, por citar una palabra; poco a poco fueron llegando. En 1831, los de San Juan solicitan al Gobierno de Coahuila que les conceda dichas tierras. Así, el 14 de septiembre de 1832, el Supremo Gobierno del Estado de Coahuila emitió un decreto en el que les concedía 11 sitios de ganado a los vecinos del rancho de San Juan Nepomuceno de la Carrera. El representante de los solicitantes fue don Estanislao Núñez. Sin embargo, a este decreto no se le dio la seriedad ni formalidad necesaria que requería el caso. Es para el año de 1830 donde aparecen los primeros registros del rancho de Matamoros, al aparecer registrado el fallecimiento de María Josefa Párvula, hija de Salomé Ramírez, que falleció en el rancho de San José de Matamoros, sepultada en el Álamo de limosna.
Ya vimos el primer registro de la Vega de Marrufo, luego de Villa del Arenal, y ahora de San José de Matamoros. A partir de 1830, ya aparecen registros de nacimientos, defunciones y matrimonios en San José de Matamoros. El 5 de julio de 1839, el Supremo Gobierno del Estado de Coahuila hace una segunda adjudicación a los habitantes de San Juan Nepomuceno de la Carrera y de San José de Matamoros. A petición de una nueva solicitud, el representante de los solicitantes fue el señor Felipe Cano.
LEONARDO ZULUAGA OLIVARES
Sobre la vida de Leonardo Zuluaga Olivares existe información suficiente, por lo que nos concretamos a lo que conecta con los de San José de Matamoros. En 1841 compró la Hacienda de Hornos a la viuda de José María Herrera, doña Pilar Flores de Herrera, abuelos de Jesús González Herrera, recibiendo las escrituras el 16 de abril de 1842.
SAN JUAN NEPOMUCENO DE LA CARRERA, 1842
En el año de 1842 sucedió en San Juan Nepomuceno de la Carrera un ataque de indios. Este hecho fue informado por el titular de la Subprefectura del Partido de Cuencamé, informando al secretario del Departamento del Superior Gobierno de Durango, el 2 de diciembre de 1842. Lo que sí, es que muchas personas, pasados los años, recordaban este suceso. El periodista Francisco L. Rodríguez lo registró en forma de poema. Y el profesor Santos Valdez lo describió en su libro “Matamoros, ciudad lagunera”. El caso es, si hubo muertos o no hubo, al siguiente día de la tragedia varias familias salieron huyendo de San Juan Nepomuceno de la Carrera. Unas familias cargaron sus carretas y marcharon hacia el rancho de Mayrán. Estas familias se dividieron los objetos que había en la capilla del rancho. A las familias que huyeron a Mayrán les tocó llevarse un Cristo de regular tamaño en una carreta; las familias que decidieron acercarse con los de San José de Matamoros, se quedaron con la imagen de la Virgen del Refugio. Otras familias decidieron seguir viviendo en San Juan. La tradición oral cuenta que cuando los indios quemaron el rancho, las llamas se alcanzaban a ver hasta el rancho de la Soledad, a varias leguas de distancia. Las casas ardieron con gran facilidad debido a que eran de ocotillo, carrizo, jaras y quiotes. De esta forma se fortalece San José de Matamoros.
LEONARDO ZULOAGA
Leonardo Zuloaga Olivares vive en su Hacienda de Hornos construyendo el casco de su enorme latifundio. Llegado el año de 1848, en sociedad con Juan Ignacio Jiménez compraron la Hacienda de San Lorenzo de La Laguna a don Jacobo y don Carlos Sánchez Navarro, que la habían heredado de su tío el cura don José Miguel Sánchez Navarro, cura de Monclova. En 1852, Juan Ignacio Jiménez se quedó con la parte correspondiente a Durango, mientras que Leonardo Zuloaga con la parte del estado de Coahuila, siendo el río Nazas el que determinó los límites. Durante esta década se vive en aparente calma.
En 1848 la población de Matamoros ha crecido. La Vega de Marrufo va cediendo como poblado, los de San Juan han fortalecido al rancho de San José de Matamoros. En este año, el nuevo cura de la parroquia del pueblo de San José de Viesca y Bustamante, don Anacleto Lozano, levanta un nuevo censo de población. Los ranchos censados fueron: Pueblo del Álamo, rancho del Gatuño, rancho de Matamoros (aquí se deja de mencionar San Juan Nepomuceno de la Carrera), rancho de La Concepción, Tajito de Piedra, rancho de San Miguel, rancho El Alamito, hacienda de San Lorenzo de La laguna, rancho El Aguajito y el rancho de La Punta de Santo Domingo; tampoco se menciona la Hacienda de Hornos. El padrón registra 7 mil 279 habitantes en todos los ranchos. En lo que corresponde a Matamoros, cuenta con 131 casas que albergan 737 personas como habitantes. Claudio Juárez Deras, que nació en San Juan, ahora vive en Matamoros y tiene 25 años de edad. En El Gatuño viven 191 personas en 32 domicilios; en ese año Juan de la Cruz Borrego tiene 30 años de edad y Darío Orduña 32 años de edad, personas que tendrán una destacada participación en la fundación de Matamoros.
Los habitantes de San Juan Nepomuceno de la Carrera y San José de Matamoros, en las dos anteriores solicitudes al Gobierno de Coahuila, no han logrado recibir la confirmación de la posesión de las tierras, por lo que en el año de 1850 vuelven a solicitar un contrato de compra-venta al Gobierno de Coahuila, los sitios de ganado menor. El Gobierno les fijó un precio de 150 pesos por sitio; los de Matamoros pagaron un mil 650 pesos por las tierras que ya habitaban. Al año siguiente, el 12 de febrero de 1851, el Gobierno expidió el decreto por el cual se les daba posesión de las tierras a los compradores. El Gobierno de Coahuila envió al titular de la comisión, el señor Francisco Ciriza, de Parras. El representante de los de Matamoros, don Vicente Chávez, se presentó con Ciriza para finiquitar los trámites. Ciriza en vez de presentarse en Matamoros, se dirige a la Hacienda de Hornos, informa a Zuloaga, trasladándose todos a Matamoros. La reunión se realizó en la casa del comisario de policía de San Juan Nepomuceno, Claudio Juárez Deras, estando presente Leonardo Zuloaga, su apoderado legal José María Ávila, don Vicente Chávez por los de Matamoros, y el enviado del Gobierno, Francisco Ciriza. Los alegatos de los de Matamoros resultaron en vano, Zuloaga alegó que las tierras le pertenecían. El enviado del Gobierno, Francisco Ciriza, lo apoyó concediéndole los 11 sitios a él y no a los de Matamoros.
El señor Vicente Chávez envía un escrito donde informa que Ciriza había desobedecido el mandato del Supremo Gobierno del Estado al no darles posesión de los 11 sitios de terreno comprados por sus representantes desde el 21 de noviembre de 1850, mismas tierras que tenían denunciadas desde el año de 1832. Informa también que Ciriza es un incondicional de Leonardo Zuloaga. De esta forma terminan las negociaciones legales y pacíficas de los primeros matamorenses por las tierras donde hoy vivimos.
Claudio Juárez Deras, fueron sus padres don Luis Juárez y su madre doña Juliana Deras; sus hermanos: Sacarías, Rosa, Ma. Dolores y Eulalio Juárez Deras. Fue comisario de policía de San Juan Nepomuceno de la Carrera y San José de Matamoros.
En 1849, en la Vega de Marrufo, existió un panteón, en donde fue una laguneta en la década de 1960 a la salida de Matamoros por el norte. En ese lugar se llegaron a encontrar huesos; pocas personas de edad recordaron ese hecho
Esta historia continuará…
Colaboradores para recopilar la presente información:
+ Profr. Aurelio Meave Muñoz
+ Profr. Nicandro Rodríguez F.
+ “Por la Vega de Marrufo”, libro de Roberto Treviño Rodríguez
+ “Matamoros de La Laguna”, de Gildardo Contreras
+ “Matamoros, Ciudad Lagunera”, de Santos Valdez
+ Eduardo Guerra
+ Archivo de la parroquia de Viesca
+ Archivo municipal Matamoros, Coahuila
Santiago Vidaurri (1856/02/19 – 1864/02/26)
DESCRIPCIÓN DE LAS TIERRAS DE MATAMOROS
Continuos ataques de tribus de Lipanes, Mescalerso Gileños y Comanches.
La propiedad de Zuloaga era un oasis bañado no nada más por el Nazas, sino por el Aguanaval. El siguiente texto es una parte escrita por un invitado de Leonardo Zuloaga a conocer sus tierras en 1849, a un año de haber sido adquirida esta propiedad.
“Notable es este Valle por la rara fertilidad de sus tierras, todas de pan para llevar, por la benignidad de su clima y por la variedad y abundancia de sus productos. Maíz, algodón, frijol y trigo es lo que ahora se cultiva con preferencia, pero se tiene experimentado que también se dan buenos el tabaco, la caña y el garbanzo. Para la cría de animales hay en todo la extensión de sus terrenos abundantes y ricos pastos. Las vacas y ovejas que se crían allí llaman la atención por sus corpulencias, y los caballos de La Laguna tienen una nombradía nacional. Bosques impenetrables de mezquites gigantescos, alamedas, saucedas y tura y sales a modos de planteles, que ocupan algunas leguas de longitud. Andar por las veredas de estas espesuras en la primavera es una delicia”.