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Reliquia en Congregación Hidalgo

  • Oliverio RODRÍGUEZ HERRERA
  • 25 mar 2017
  • 3 Min. de lectura

Especialmente aquí en La Laguna conocemos la palabra “Reliquia” como sinónimo de una deliciosa comida que consiste de varias sopas y asado de puerco. Al escucharla inmediatamente se nos hace agua la boca y la relacionamos con una devoción a algún santo, y así es.

Este escrito tiene el propósito de presentar mis respetos y admiración a ésta, que bien le podemos llamar tradición de fervor religioso, por la fe con la que los laguneros católicos corresponden a favores recibidos por sus santos, obsequiando este magnífico banquete a los vecinos, o bien, a toda una comunidad, como es el caso de lo que sucede en Congregación Hidalgo.

Para cuando llega cada 19 de marzo, la familia de don Lucio Rodríguez Sifuentes y su hermana Chayita tienen ya ocho días preparando esta celebración. La sobrina de don Lucio, Gloria Aguilera Rodríguez, es quien está a cargo de seguir con este agradecimiento a San José, que las generaciones pasadas de la familia han venido haciendo desde hace más de 100 años por iniciativa de don Julián Sifuentes, unos años antes de la Revolución Mexicana.

La imagen que se venera es un cromo que aún se conserva milagrosamente reluciente. En la celebración, el patio de la casa de don Lucio se llena de cazos y cazuelas enormes, donde gente especializada prepara las siete sopas y combina especias y chile colorado con carne de puerco.

Al amanecer, y escuchando el canto de los gallos, comienzan a encenderse los leños que darán su fuego para la elaboración de los guisos, mientras las nubes se comienzan a colorear con los rayos del sol.

En un cuarto especial está colocada la imagen de San José, en un altar entre enormes ramos de flores y velas encendidas, hasta donde llega un conjunto norteño a cantar “Las Mañanitas”.

Las amas de casa del ejido ese día no cocinan, pero sí se alistan para estar presentes en el rosario en punto de las doce del día. Don Lucio se olvida de su enfermedad y sus problemas, poniendo su mejor sonrisa para recibir a los que van llegando.

Como siempre, en una mesa frente al altar le sirven agua y pan a un señor y una señora de avanzada edad y a un niño, que representan a José, María y al pequeño Jesús. También se sirve una moneda, para simbolizar que estas tres cosas nunca faltarán en la familia. Se retira lo servido y el pan se guarda hasta el siguiente año que, increíblemente, aunque duro, no se descompone ni se llena de moho como cualquier pan que se guardara todo ese lapso de tiempo.

Después del rosario, se hacen largas colas para recibir la reliquia. En primer orden, se sirve a las personas mayores del rancho, que siempre están presentes. Luego siguen las mesas del patio. Existe un gran ambiente de alegría, entre el humo de la leña y el olor de la comida. Asisten muchas personas a esta celebración, no sólo del lugar, sino también de varias partes de La Laguna y de la Republica.

Hace poco tiempo se derrumbó el cuarto donde se guardan las rinconeras, floreros de vidrio y otras cosas con las que forman el altar, y curiosamente todo se echó a perder menos estos objetos que permanecieron intactos.

Lo más importante de este evento es la enorme fe del católico que ha vivido experiencias que se podrían llamar milagrosas. Según nos cuenta Gloria, son muchos los favores que han recibido de la imagen venerada de San José, carpintero que cuidó a María, madre de nuestro señor Jesucristo.

Para finalizar, sugiero a la Real Academia de la Lengua Española agregar al diccionario la siguiente definición de la palabra “Reliquia”: “Banquete gratuito que ofrecen los laguneros a la comunidad como agradecimiento al santo de su devoción”.


Matamoros, Coahuila, marzo de 2006.




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