Semana Santa en mi niñez y juventud
- Oliverio RODRÍGUEZ HERRERA
- 25 mar 2017
- 3 Min. de lectura

Finaliza la Cuaresma con la Semana Santa, donde se escenifica la llegada en burrito de Nuestro Señor Jesucristo, el llamado Domingo de Ramos, escena que aún se lleva a cabo y que le siguen el Jueves Santo, el Viernes Santo, con la dolorosa Pasión que nos describe el Vía Crucis y se crucifica al Señor en el Gólgota, con religiosos que profesamos la religión católica y ahora el Sábado Santo, al que anteriormente le llamábamos el Sábado de Gloria, porque la tradición así era.
Las tiendas del centro mandaban hacer piñatas y figuras de algún personaje político o de algún villano de película, las colgaban de lado a lado de las banquetas de su negocio con fuegos artificiales que ardían en el centro de la calle, le decíamos quema de chamucos, para después darle a la chiquillada bolos. Así celebrábamos el fin de la semana acudiendo el Domingo de Resurrección.
Alguna ocasión en el Atrio de la Iglesia, sería por falta de sentimiento de respeto a la figura del Redentor, escenificaban una persecución de Cristo, en forma ridícula, el diablo detrás de él y el Cristo corriendo por todo el Atrio y subiendo las escalerillas del teatro, cosa que desde niño eso me indignó.
En ese tiempo sentía la emoción porque teníamos vacaciones y sabía que de perdido íbamos a hacer día de campo a alguna de tantas norias con piletas que había, o a pasear a Viesca, Coahuila, a bañarnos en el “túnel” o a las márgenes del Río Nazas, ahí o a Raymundo.
En aquellos tiempos las radiodifusoras sólo tocaban música clásica o sacra; no había bailes. Y si alguien tenía quinceañera, posponía la fecha para después de la Cuaresma. Y naturalmente, como estaba prohibido comer cualquier cosa que tuviera carne. Hasta hoy me encanta la comida de Cuaresma, en el Miércoles de Ceniza, los sucesivos viernes; sobre todo las tortitas de camarón y la capirotada.
Hasta aquí mi nueva narración, hoy Miércoles de Ceniza de 2017.
Enseguida, añado un escrito que hice hace años y que es de la misma inspiración.
Capirotada de Cuaresma
Hoy es viernes de Cuaresma, tradición de muchos años: saborear ricos platillos preparados con amor. Desde niño yo esperaba la llegada de estos días para saborear con ansia la comida en su sazón.
Nopalitos en pipián, las lentejas cafecitas en su caldo sin igual, ejotes con chile verde y lampreados camarones, o caldito de pescado frito o al carbón asado.
¡Qué garbanzos deliciosos y las habas doraditas! Las migas de pan bien frito con grageas de colores. ¡Qué rica capirotada! Y qué olor tan exquisito.
En Cuaresmas de hace años la radio sólo tocaba melodías sacras y lentas, clásicas y de concierto, o poemas al Señor. No había bailes, ni se celebraban bodas, eran días de meditación, se pensaba en la Cuaresma que vivió nuestro Señor en el desierto perdido pidiendo su purificación.
Me impresionaba en la Iglesia ver los Santos y las imágenes cubiertas los sendos linos morados colgados en el altar. La Iglesia tenía su teatro, se llamaba “Parroquial”, ahí se veían escenas con los actores en vivo. Grupos cristianos actuaban y lo hacían con gran fervor, exaltando en ademanes la Pasión del gran Creador.
Se abría la Gloria el sábado, era todo un día de fiesta, se quemaban los chamucos, en las tiendas regalaban cuetes y bolsas llenas de rico bolo y naranjas.
¡Qué alegría era el domingo de esas Semanas Santas, filas con palmas y flores, recibíamos en la Iglesia al Señor que se acercaba montado en un burrito!
Recuerdo el olor a cera, a sebo y hasta el incienso, y en el cine entristecía nuestro pequeño semblante viendo “Cristo redentor”, película en blanco y negro, y “Genoveva de Bravante”.
Hoy valoro el sacrificio de este Señor sin igual, que como muestra de amor murió clavado en la Cruz con la promesa divina de que viviremos siempre y estaremos a su lado alcanzando un lugarcito al lograr la redención.
Hoy se me antoja quemar las figuras de chamucos que nos hacen tanto mal: políticos, presidentes, eclesiásticos, al cura Schulemberg ateo, que durante mucho tiempo era el mero mero en la Basílica de Guadalupe en Ciudad de México, que siempre fue ciego, o tocado por Lucifer nunca vio en los ojos de la Virgen al indito de Juan Diego.
Semana Santa, ¡vivámosla con amor! Tú y yo con la familia, respetando a los demás, siguiendo sus enseñanzas seguiremos al Señor.
Disfrutemos los paseos sanamente, y ese su hermoso tapiz del campo verde recordando que nos dio un mundo para vivir con dicha alabando a Dios; eso nos enseñó Jesús.
Ese fue su gran deseo, darnos un mundo feliz, aquí en la tierra, como en el cielo.
Matamoros, Coahuila, marzo 22 de 2002.