Noche de gatos y libertad
- María Carolina
- 30 abr 2017
- 2 Min. de lectura

Esa noche, como o muchas más, Lily volteó a ver a su marido que roncaba ruidosamente después de haber consumido más licor que el de costumbre, y Lily se levantó y se miró al espejo, y a sus 40 años estaba en su mejor momento, pero el marido, ahogado de borracho, ni se enteraba. Pensó Lily en su abuela Cuquis y sus pócimas secretas, que al morir se le habían quedado en aquel mueble viejo de madera. También recordó sus consejos y su enojo al saber con quién iba a casarse, y pese a todo lo hizo y hoy pagaba las consecuencias.
Se dirigió al cuartito, ahí donde se encontraba el viejo mueble, el que guardaba aquellas recetas secretas que la abuela le enseñaba mientras crecía. Cuántos recuerdos gratos tenía de su abuela; parecía seguirla todavía cuando entraba y salía de cada habitación de esa casa que ella le había dejado, sabiendo que su marido jamás le daría NADA.
Ya en el mueble, buscó y buscó hasta encontrar aquel frasquito que la iba a cambiar de forma cuando menos por unas horas.
Tomó dos tragos y sintió un estremecimiento total y su cuerpo comenzó a cambiar hasta quedar transformada en una hermosa GATA BLANCA DE OJOS VERDES.
Siendo un felino, subió a su habitación y brincó sobre la cama y trepó al cuerpo de su marido, quien perdido en su borrachera apenas si la notó.
Lily sintió apetitosa la noche, nublada y fresca, y se lanzó a las azoteas, al tiempo que se le unían más gatos, y ella destacando entre todos por su color blanco. Fueron horas las que brincó libre y feliz, sin ataduras, y sus ojos verdes brillaban como no lo habían hecho en años. ¡Nada más hermoso que la LIBERTAD!, y sentir que el viento te llama a seguirlo, a buscar en la oscuridad un límite, ¡CUANDO NO LO HAY!
Lily gozó toda la noche, y al amanecer regresó a su cárcel, cuando ya el marido despertaba en su cruda y pidiendo algo muy picoso. Se dispuso a prepararlo y a cumplir con la costumbre y aparentar felicidad. Metió su mano al delantal y acarició el frasquito y se prometió salir más seguido para evadir su realidad y a disfrutar la penumbra. Además pensó si tanto gato que se le unía NO SERÍAN COMO ELLA, PERSONAS QUE TAMBIÉN HUÍAN DE SU RUTINA, DE SU TRISTE VIDA DIARIA, y la penumbra y el viento los hacían disfrutar en su loca carrera de azotea en azotea.
Se apresuró a hacer sus labores hogareñas, trabajó intensamente, dejó impecable su casa y esperó con ansia la oscuridad que la llevaría a una nueva aventura nocturna. Luego pensó en aquel enorme Gato Negro que la seguía y la seguía y le ronroneaba tan cerca, tal vez buscando un retozo o quizá sólo quería seguir esa carrera sin fin. ¿Qué le deparaba esa noche? No lo sabía Lily, sólo pensó en escapar y otra vez sentir el AIRE DE LA LIBERTAD.
Cuento de María Carolina
Enero 2017