Los otros Pérez León
- Por Fidencio TREVIÑO MALDONADO
- 23 ago 2017
- 4 Min. de lectura

“Él era un hombre de campo, oriundo de Nuevo León; tenía apenas 19 años, su nombre...” -corrido de los Tigres del Norte.
José Pérez León es parte de una tragedia diaria, es quien le da forma a la estructura de las gráficas de los caídos en el intento de pasar al sueño americano. José Pérez León, un joven de 19 años que murió junto con 30 hombres encerrados en un vagón en tierras gringas. José Pérez León es un corrido interpretado por los Tigres del Norte, y más fuerte y de protesta es el libro “Morir en el Intento”, que hace ya rato presentó en San Antonio, Texas, Jorge Ramos, periodista, escritor, entrevistador, locutor y conductor de noticias en TV, al que sin ser invitado me colé al evento de la presentación.
En este libro, Ramos hace un recuento de los daños y el constante tránsito de los prospectos a “espaldas mojadas” o “pies calientes”, como se les llama a los que pasan o intentan cruzar a pie por el desierto de Arizona y Nuevo México. Fueron 30 inocentes que pagaron la cuota en el interior de un vagón, entre ellos José Pérez León. Después, otra tragedia en Victoria, Texas, ésta en la caja del tráiler donde hacinados 73 personas entre niños, hombres y mujeres, de los cuales murieron 17 paisanos, todos hombres. Lo raro es que no falleció ninguna mujer, demostrando en este caso más resistencia y más calma en la crisis que se vivió dentro de ese horno a más de 50 grados y en abandono total. 54 vivieron para contarlo.
Este año 2017, junio 22, en plena canícula, abandonados en un estacionamiento y dentro de una caja de tráiler en San Antonio, Texas, murieron 15 connacionales. Y más allá de que se detenga o no al “pollero” y al chófer o “coyotes”, que sin misericordia los dejó abandonados, es la ignominia del trato indiferente que da nuestro Gobierno a la población más desprotegida, y consecuencia sin duda a la infamia de nuestros funcionarios y su incapacidad para generar fuentes de empleo y de levantar un país con todos los rezagos en los sectores y rubros que se le quieran ver.
En los Estados Unidos en la actualidad viven 12 millones de mexicanos, es decir, la décima parte (somos 120 millones aproximadamente), y siguen cruzando por el río o el desierto un mínimo de mil diarios, y de cada mil que lo intentan uno muere. Según las estadísticas los que cruzan juegan a la lotería con la muerte y alguien se la tiene que sacar, y es al que le toca morir ese día. Es la ofrenda que se tiene que pagar por parte de un país con gobiernos corruptos hasta la médula y con un rezago de más de 85 años con gobernantes que se manejan como reyecitos.
Ahora los políticos sólo fijan la mirada en los inmigrantes que mandan remesas, y algunos gobiernos latinoamericanos lo ven como solución a sus problemas. Es el caso de México, que sólo por los diferentes envíos “legales” recibió 16 mil 266 millones de pesos en 2016, cifra de vergüenza que poco a poco se incrementa, más los dólares que entran directo, es decir que los mismos paisanos traen a su familiares, los que viven en la franja fronteriza y tienen pasaporte. Los del narco superan esa cifra y también cuesta muchas vidas (las fronteras están sembradas de cadáveres por parte de estas mafias).
En vez de luchar con la demagogia y con el mal protocolo los monigotes (entiéndase funcionarios, legisladores y organizaciones de relaciones exteriores), sólo se les ocurre decir y legislar una ley donde los residentes en los EUA puedan votar desde su lugar de residencia. ¿Cómo van a votar por alguien que nunca hizo algo por ellos? Se necesita tener poca vergüenza y un cinismo como nuestros políticos para pedirles que voten, si por su ineficiencia están sufriendo en tierra ajena. Que les pregunten a los parientes de los Joseses Pérez León si votarían por los funcionarios que indirectamente son culpables de la muerte de estos mexicanos que sólo buscaban tener una opción de trabajo negada en su propia tierra.
Son miles los jóvenes llamados Pedros, Juanes, Toños, Lupes, Jesuses, Domitilos y los que aceptan trabajo que ni los NEGROS quieren en el Nuevo Imperio. Pero ellos, los NEGROS, como los llamó el fanfarrón ex Presidente Fox, no tienen necesidad de jugar a la ruleta rusa cada vez que pasan el muro de la ignominia, ni tienen la pobreza de estos nobles “Juanes”, que aquí en su tierra “México” sólo han recibido miseria por generaciones, y sólo mitigada por el montón de trúhanes en sus discursos llenos de demagogia añosa y bofa que esconde la miserable infamia que padecen los que como José Pérez León ven el sueño Americano convertido en un sueño eterno, con un rictus amargo por el deseo reprimido de que en su última plegaria no escucharán estos políticos “una mentada” que como maldición les fuera conferida.
Y se fue, y se fue a cruzar el cielo con sus ansias de crecer; se fue, “pobre José”. Aquí termina la historia de otro paisano que arriesga la vida y que muere como ilegal, de otro José que tenía 19 años y a casa jamás volverá.
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