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María Elena Márquez Fernández, ejemplo de mujer

  • Por Profr. Jesús MÁRQUEZ FERNÁNDEZ
  • 7 abr 2018
  • 2 Min. de lectura


Cuando tuvimos la pérdida de nuestra madre, Felipa Fernández Reyes, en agosto de 1965, quedamos bajo la tutela de mi abuelita Francisca Fernández Ortiz. Éramos ocho hermanos: María Elena, Cándido, José Luis, María del Refugio, Jesús, Andrea, Hiloni y Fernando. Quiero considerar a María Elena, la mayor, y a Cándido, por consiguiente. Aunque eran muy jovencitos, ellos, de alguna manera, fueron nuestros padres. A grado tal que recuerdo que la abuelita Panchita nos dijo a los pocos días del deceso de mamá Felipa: “Miren, de hoy en adelante María Elena y Cándido serán sus papás”. Yo tenía diez años y los mayores que yo, José Luis, María del Refugio y me agrego, no pudimos decirles papás. Los menores que yo, Andrea, Hiloni y Fernando, siempre nombraban a ellos “mamá” y “papá”. Tal vez fue poco el tiempo de dirigirnos a ellos de esa forma; sólo a Cándido continuaron mencionándolo de esa manera y hasta la actualidad.

Sabíamos de antemano que María Elena era nuestra madre. Hice mención como preámbulo, en forma breve, cómo fue la forma tutelar después de la muerte de mamá Felipa. En la década de los sesentas se dio un cambio importante en mi vida, de momentos difíciles y a la vez alegres, porque teníamos mamá Malena y papá Cándido, además el gran apoyo de la abuelita Panchita, hasta su deceso en 1981.

He aquí la importante. María Elena, más que una madre para nosotros, fue un gran ser humano, ejemplo de mujer, madre de sus hijos, Sigi, Nena y Nury, abuela, hermana, abuelita, persona altruista con todos los que la rodeamos durante su vida.

Uno de sus detalles hermosos para con sus hermanos y la sociedad en su conjunto, los que la conocimos y convivimos con ella, fue que sacrificó su niñez, adolescencia y juventud por seguir ayudándonos en todos los rubros. Quizá tuvo oportunidad de casarse muy jovencita en su momento, pero por nosotros no lo hizo, por razones obvias.

Los que la conocieron de siempre lo pueden confirmar. Y Cándido de igual forma. Mi hermana se preocupaba y ocupaba de todos: de su esposo Sigifredo Muñoz, de sus hijos, hermanos, nietos y demás familiares de la descendencia de los Márquez, de los Fernández, Muñoz, Cervantes, Guerrero… en fin. Infinidad de familias allegadas a ella y multitud de amistades.

La vida es un ciclo. Tenemos que morir en el momento que Dios disponga de nosotros.

Descanse en paz mi hermana, mi madre: María Elena Márquez Fernández. EJEMPLO DE SER HUMANO. EJEMPLO DE MUJER.

Profr. Jesús MÁRQUEZ FERNÁNDEZ

Chihuahua, Chih., marzo 2018.

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