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Entre comedias y tangos

  • Por Fidencio TREVIÑO MALDONADO
  • 14 jun 2018
  • 2 Min. de lectura

¿Es la realidad o ficción de nuestro escenario político? Difícil saber…


Catastrófica es nuestra política, sin remedio ni evolución. Lo mismo fue ayer, que hoy, y seguirá mañana, y tanto a nivel nacional como aldeano, no se ve el horizonte, esperanza, los timbres no suenan y ni siquiera hierba secando al sol. Políticos éstos que lo que piense el ciudadano o habitante común nada importa, como si la suerte de los mexicanos estuviese de espalda. Pueblo con eterna iconografía de sufrimiento, condenas y autoflagelación, producto o resultado de tantas tragedias por quien debería de defenderlas: el Estado.

Nuestra historia, sea oficial o de oídos, es una reseña muy accidentada de la que no hemos sido capaces de prevenir ni remediar, o al menos tomar otros rumbos, menos sacar provecho de los errores. Disparidad de opiniones en los acuerdos de la cúpula, declaraciones bofas de los partidos y de los candidatos en eternas campañas. Sumisos a sus intereses, el tren revolucionario siguiendo el viaje surrealista del que aún se siguen montando los nietos de la revolución y no se quieren bajar muchos dinosaurios.

Carlos Gardel, Celedonio Flores, Gabino C. Peñaloza y el inconmensurable compositor Enrique Santos Discepolo se quedaron cortos con cada tango que nuestros políticos a diario inventan. Sólo basta echarle una furtiva mirada a media luz a los manejos que hacen los de la Casta Divina, tragedias para el pueblo que entre gambetas torea la miseria. Entre discursos con varias capas de barniz que sólo abrillanta más las afrentas, so pretexto de remediar lo irremediable, en la búsqueda frenética de algo que no perdieron -porque nunca fue suyo-, el llamado “rumbo del país” y el arrabalero destino nacional y cuyo rumbo y destino es causado por ellos mismos.

Es difícil para el pueblo saber quién causa más miasmas, quién dice la mentira más chica (que no por eso deja de ser sofisma), si son los soberbios líderes charros, los inefables gobernantes o los viejos virreyes caciques que están detrás del trono. Resulta fácil manejar un país con un porcentaje muy alto de analfabetas, con 12 millones de niños, adolescentes y jóvenes en edad escolar sin ningún tipo de escolaridad y 20 millones de mexicanos mendigando la pobreza. Y aún así se juega con la dignidad humana con dádivas, programas mutilados, corrupción, malos manejos del dinero del pueblo, la ley e injusticia para los pobres, y gracia y justicia para los pudientes. Perversidad que aún se aprovecha vendiendo lonches, despensas, tarjetas y otros programas por votos. Las campanas de México tañen a duelo, la cúpula preexiste en una inextricable contradicción, donde su mejor disfraz es la distracción para esconder la realidad del país. Nación la nuestra con una escandalosa irrealidad, en donde adjunto va un ominoso testamento.

A estos malos actores no le bastaron los más de 78 años de un partido en el poder y prestarlo a otro por 12 años para ni siquiera cumplir el uno por ciento de las promesas. Bailarines y actores improvisados, y alguno que otro aprendiz, que desfigurados cantan mal y bailan peor los tangos. Eso sí, tenemos que reconocer que de tangos a tangos, Carlos Gardel les queda corto a nuestros funcionarios que día a día se avientan cada faena y tangos que han demostrado que no completan con el tinglado (escenario) nacional.


Sugerencias y comentarios: kinotre@hotmail.com

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