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Entre águilas y serpientes

  • Por Fidencio TREVIÑO MALDONADO
  • 25 oct 2018
  • 3 Min. de lectura

Tanto las águilas como las serpientes son animales muy bellos, majestuosos; unos en el aire y otros en la tierra, inclusive en el agua. El águila se toma como símbolo de libertad, de vuelos interminables y sin barreras. Mientras el mito de las serpientes es vivir en el suelo condenadas por el Supremo; siempre arrastrándose. Las dos especies son depredadores: las águilas dependen de su vista y su potente vuelo; las serpientes, por lo general, de detectar con su lengua el alimento, víctimas o enemigos, y desde luego en la mayoría de estos ofidios está su relampagueante ataque para inyectar su fatal ponzoña.

No es raro que la simbología de escudos, banderas, monedas, grabados, entre otros, estén juntos estas dos especies de animales. Buda, cuentan algunos historiadores, se sentó a meditar bajo una higuera y hasta ahí llegó una colosal serpiente (Cobra o Áspid), que se posó detrás del Santo y ahí lo cuidó. Desde antes de Cristo fue un águila la que con sus garras levantó una tortuga y desde lo alto la arrojó sobre la calva del sabio griego Esquilo, quien al recibir el impacto, ahí muere (se cuenta que la calva la confunde con una roca).

En los negocios, en los apuros que da la vida, en cuestiones sentimentales y hasta en la política se aconseja y recomienda ser atrevidos, libres y superar todas las barreras para llegar como las águilas hasta las cumbres y lograr el objetivo. Mientras a las serpientes (llamadas Víboras en algunas regiones), se les tiene en lo peor, y nadie las baja con epítetos como arrastrados(as), traicioneros, venenosos, lenguas viperinas, etcétera, y que también tienen un lugar en las cumbres y que ahí llegan arrastrándose, serviles, envidiosos, lacayos, mintiendo, bufones, cortesanos y muchas veces con odio llamados lame-huevos, cosa común en nuestra clase política en donde no importan los medios, si en ello se alcanza un fin.

Desafiando todo, un águila es símbolo nacional, sostenida en un espinoso nopal y ahí desde hace mucho tiempo tratando de devorar a una serpiente, que no ceja de moverse y por ratos parece que va ganando, y metafóricamente pronto la corrupción (representada por la serpiente) va devorado al águila, a la libertad de los mexicanos. Sin embargo, la delincuencia “NO” ha rebasado a las autoridades, sino parece ser que SON y han sido las autoridades quienes han tomado el mando, y las INSTITUCIONES creadas por el sistema caen cual fáciles presas tanto en las garras y pico del águila, como con los colmillos venenosos de las serpientes.

Por años la Silla del Águila, la cúspide o la caverna del Palacio ha sido la cereza del pastel de nuestra bien cuidada Casta Divina o clase política, y la mayoría ha llegado como las serpientes, arrastrándose, y una vez sentados, los vasallos (el pueblo) somos presas de sus lacayos en las ordenanzas y reformas que a su placer, gusto y desde su nido a modo fabrican e idean cómo dominar el entorno. Las águilas, que también tienen sus nidos, es ahí en donde normalmente descarnan a su presa para repartirla a sus polluelos que dependen de sus padres hasta que puedan volar y cazar. La serpiente, tanto la ovípara (nace del huevo) como ovovivípara (del huevo, pero dentro del vientre), desde que tiene vida está sola en el mundo, de ahí su intuición para sobrevivir, y al igual que el águila se alimenta de otras aves, las serpientes hacen lo mismo con las de su especie.

Los conferenciantes que ahora crecen a pasto, y aprovechando las tradiciones y los mitos y muchas veces la ignorancia de la sociedad, en casi todos sus relatos nombran a las águilas en las llamadas de “Superación” personal o de grupo, y a las serpientes como los malos pensamientos que inhiben que el individuo se supere, deje un vicio o viva feliz.

Es decir, para nombrar lo bueno se hace referencia a las águilas; a las serpientes le acomodan los fracasos y desde luego lo malo. Nuestra sociedad, desmemoriada al menos hasta ahora, sin ninguna pizca de osadía, seguimos vergonzosamente y con muy poco coraje obedeciendo lo que salga de un nido de serpientes, y ya no sabemos si son las víboras o las águilas quienes en este país poco a poco nos roban de lo que es de todos, como son los recursos, dinero, petróleo, tierras, lagos, ríos, etcétera, y gracias a su disfraz hasta del ingenio y espíritu nos han despojado.


Sugerencias y comentarios: kinotre@hotmail.com

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