Sol de Mayo (por segunda vez)
- María Carolina
- 25 oct 2018
- 4 Min. de lectura

1.- Hoy, caminando por el centro comercial, buscando un par de zapatos y cansada de no encontrar unos que llenaran mi vanidad, me sentí rendida y avance a la vieja plaza, a la que no volví desde aquella vez que tus palabras pisaron mi castillo de arena y te alejaste de mi futuro en el horizonte de un atardecer.
Me senté en la misma banca donde te abracé tantas veces y miraba tus ojos que tanto adoré. Y hoy, aquí me distraigo viendo a unos chiquillos que riendo corren detrás de un balón, mientras una niña vestida de rojo llora porque se le escapa su globo amarillo y un hombre sencillo intenta atraparlo, ¡pero no lo logra! Y aunque no faltó quién le repusiera su globo a la pequeña, ella con el nuevo lloraba y buscaba en el cielo inmenso aquel que se fue ¡para no volver!
Todo esto me entretenía, mientras las palomas prácticamente corrían tras las migajas que un paseante les arrojaba, y los pajarillos se elevaban en conjunto para luego jugar entre los árboles de rama en rama con sus ruidosos gorjeos.
La vida continuaba, mientras yo la contemplaba sin sentirme dentro de ella. Y tan atenta estaba que no me di cuenta que después de años de no cruzar palabra, y aunque alguna vez te vi de lejos, ahí a unos metros, tú me observabas. Sentí la fuerza de tu mirada, me recorrías de pies a cabeza, y un escalofrío se deslizó por mi espalda.
2.- Y te sentaste a mi lado. No hubo abrazos, ni frases de amor como antes. Sólo tembloroso me diste tu mano temiendo un rechazo. Ya no eras aquel presumido y soberbio que un día me dejó llorando en ese lugar, con miedo ¡y sin saber por dónde de nuevo empezar!
Y fueron tres preguntas las que tú me hiciste y a las que no encontré sentido. Tal vez por el tiempo o por lo vivido, me envolví en esa dureza que aquel día mostraste. Yo me hice igual para seguir adelante, y un día me dije: Punto y aparte.
-¿Cómo estás? (dijiste en voz baja), y yo muy segura, te dije que ¡bien!
-¿Vienes aquí muy seguido?, (¿por qué deseabas respuesta? ¿Acaso querías saber si después de todo nunca te olvidé?).
-¿Aún me amas?, (¡qué pregunta!), a la que di cualquier respuesta negativa, mientras me alejaba nerviosa, terminante y fría.
Tú me seguiste y me llamaste con aquel cariño que me bautizaste y al que me acostumbré: “Sol de Mayo”, por aquello de que girabas a mi alrededor. Y subiendo la voz, no importando el lugar, dijiste: “¡Te amo!, ¡ahora mucho más! ¡Me equivoqué, pero aquí estoy y ya no me iré!”. Y yo indiferente, sólo dije “¡Adiós!”.
Y con mucha prisa, ni siquiera voltee, tal vez deseando que no notaras que habías movido mi mundo ¡por segunda vez!
3.- ¿Cómo sostenerme?, si estaba escuchando lo que en esos años ¡desee tanto oír!: ¡Que me seguías amando!, que habías tomado una pausa donde ¡yo salí perdiendo!, pero ahora estabas ahí, esperando una respuesta que te alentara a seguir. Y sin embargo me fui.
Y ya lejos, ¡lloré mis sueños rotos! Y recordé lo que después de tu adiós viví. Me enojaba porque el Sol entraba por mi ventana y por las noches la Luna me molestaba, porque animaba a los enamorados a soñar, a darse el cariño ¡que a mi me habían quitado!
Y sin embargo, ¡me hacías falta! No volví a sentir otro abrazo. Oportunidades no faltaron, pero yo me negué a buscar en otro lo que sólo tú me dabas: tu júbilo, tus cualidades, o tus respuestas cuando te llamaba; ¡tú tenías todo lo que yo amaba!
¡Todo aquello te llevaste! Rara vez yo sonreía. Desempeñaba un trabajo que me gustaba y lo hacía con agrado y me distraía, tenía amistades sinceras, salidas, diversiones, comidas y otras reuniones, pero ¡cerré mi puerta al amor!
Y yo sabía que si era verdad lo que dijiste, ¡no te rendirías! ¡Y así fue!, pues a la mañana siguiente llegaron mis flores favoritas: Claveles teñidos de azul. ¡Tú lo sabías! Si estabas en mi corazón, ¿cómo no ibas a saber mi pensamiento y mis gustos?
4.- Accedí a hablar contigo, así me enteré de la historia que viviste y ya habías dejado atrás: te deslumbró una mujer, pero pronto te cansó su manera de querer. Y extrañabas mis locuras y mis llamadas de madrugada para correr en el parque o para decir ¡que te amaba!, o comer pastel con piña y cereza con jugo de naranja, y gritar arriba del puente cuando la gente pasaba, y reír a carcajadas y terminar abrazados en el césped de la plaza, y recordar esa lluvia cayendo en el mes de mayo, la gente buscó refugio y nosotros recostados, ni siquiera la notamos. ¡Era tanto nuestro amor!, que nos bastaba un motivo para celebrar amarnos, disfrutar y estar vivos. Por eso fui tu Sol de Mayo, ¡por esa lluvia, por el mes y cada instante disfrutado!
¡Claro que te di otra oportunidad! ¿Por qué no hacerlo?, ¡si aún te amo! Hablamos mucho, y entendimos que para recobrar la confianza, tiene que pasar tiempo y fomentar la esperanza con detalles y respeto, y caminar por senderos ¡donde los dos nos guiaremos!
¡Sin separarnos jamás!, ¡así te quiero conmigo!, de la mano y por la vida, ¡como dos grandes amigos!
María Carolina
Agosto 31, 2018