Bety ~Una historia verdadera~
- María Carolina
- 10 ago 2019
- 6 Min. de lectura

1.- Ese viernes, Bety llamó a su grupo de amigas, entre las que me encuentro yo, porque la reunión sería en su casa. Llegamos con botanitas y refrescos, y nuestra repostera estrella, Gaby, entró cargando un pastel de chocolate de regular tamaño que fue como pellizcarle una pompa a un ángel (¡qué rico!). Y después de los saludos y abrazos, nos dimos cuenta que aunque Bety sonreía, tenía mucha tristeza y estaba a punto de soltar el llanto, y le preguntamos “¿Qué pasa?”, y nos contestó: “¡Hoy fue la última firma de mi divorcio!”, y rompió a llorar. La abrazamos porque no encontramos palabras para consolarla. Y aunque supimos a distancia que Gerardo, su marido, es un tipo que impone sus ideas y no soporta que alguien se oponga a ellas, ni nos explicamos por qué Bety lo seguía soportando, y nos miramos todas, pensando lo mismo: “¡Por miedo!”.
Bety se dedicaba a su casa, y siempre encerrada; sólo rompía sus cadenas y reía cuando estábamos juntas.
Mi dulce Bety, aún pensamos cómo en tantos años sólo vio el sentimiento que pensó que existía entre su marido y ella, y él era amable y “bueno” cuando así convenía a sus intereses.
Bety, la que daba todo en su hogar, por sus hijos y su nieto al que adora, la que tiene su casa en orden y vivía adivinando el pensamiento del marido y veía en cada rincón el amor que creyó tener. Cuando todas sabíamos cómo ese macho de cantina le ponía los cuernos cada vez que podía.
Pero ahora fue diferente, porque él se aferró a una señora “facilita” y muy parecida a él, y ya no lo soltó; ¡pobre listo! Porque se encontró la horma de su zapato, y Bety llorando firmó su liberación sin saberlo, y él firmó su entrada al infierno.
Y el siguiente sábado tuvimos la reunión de todo el grupo: damas y caballeros, quienes fuimos compañeros en nuestros años mozos de la academia comercial, y de eso hace ya cuatro décadas.
Y ahí estaba Mundo, el joven tímido que no se casó porque fue novio de Bety y la amó siempre. Y vaya que la pasó mal cuando Bety se casó, porque esperaba que un día entendiera que nadie la iba a amar como él. Mundo no sabía lo del divorcio de Bety, esto lo hablamos en la reunión de damas. Y al verla triste, los caballeros, que no ignoraban lo que era el barbaján que Bety tenía por marido, casi festejaron que la hubiera dejado libre.
2.- Al saberlo, Mundo no ocultó su felicidad y buscó un acercamiento con Bety, y nosotras ayudamos poniéndolos en la misma mesa. ¡Qué alegría nos dio ver a Bety reír a carcajadas y recuperar su seguridad con Mundo!, atendiéndola como el más ferviente admirador. Y le dijimos: “No la sueltes, ¡ustedes merecen estar juntos!”.
A partir de ahí, Mundo no dejó sola a Bety. Sus mismos hijos la animaron y estuvieron de acuerdo en esa relación sincera. Bety conoció en Mundo el amor verdadero. Ella recibía flores, serenatas y hasta dormía con aquel enorme oso de peluche que Mundo le había regalado; había aprendido a mirar en sus ojos la honestidad y grandeza que había en él.
Con Mundo no había sorpresas amargas. Con él los días pasaban con una tranquilidad maravillosa, y Bety se impacientaba si algo cambiaba; esto era por el miedo del mal recuerdo que tenía de su pasado.
Ese día Mundo se entretuvo comprándole un anillo. Había esperado muchos años y ese día le pediría que se casara con él. Y al llegar, Bety corrió a abrazarlo y estaba por llorar, preocupada porque no llegaba, y él, con amor limpió sus ojos con su pañuelo y le dijo: “Por favor, no llores por mí, ¡ya estoy aquí!”.
“¿Pero por qué tardaste tanto?”, le dijo Bety a Mundo. “!Ya quería ir a buscarte!”, y él sonrió, porque había deseado mucho ser importante para ella, y no espero más, y emocionado y formal le dijo: “Bety, soy persona de pocas palabras (y lo vio hincarse ante ella y mostrándole el cofrecito donde guardaba el anillo y decirle), ¿quieres compartir mi vida?, di que sí y viviré para quererte y respetarte lo que nos reste de vida”. Y Bety le dijo que sí y se abrazaron y sellaron ese pacto de amor con un beso sincero.
3.- Había pasado un año y medio del divorcio, y ya nos preparábamos para la segunda boda de Bety, cuando ella nos llamó y nos dijo: “Amigas, reunión extra urgente”.
Cuando llegué, varias compañeras ya estaban ahí: Raquel, que llevó rajas con crema y elote; Gaby, pastel de almendras (¡Mmmmmmhh!); Manuelita, arroz con leche y coco; Lolys, ensalada de surimi, y Cristy y Estelita, pan de piedra y repostería fina. Yo sólo lleve refresco, y estuvimos en silencio hasta que llegaron las demás, y fue cuando le preguntamos a Bety (que en ese tiempo estuvo muy nerviosa) qué pasaba, y nos dijo lo siguiente: “¡Anoche llegó Gerardo! Y no hubo manera de impedirle la entrada, dijo que ésta es su casa y yo su mujer, y tuve que salir de la recámara porque llegó exigiendo sus ‘derechos de marido’, y les grité a mis hijos, quienes alzando la voz le hicieron saber que él se fue y se divorció de mí por decisión propia y se negó a darnos ayuda económica. Pero según él y su machismo, insiste en lo mismo. Uno de mis hijos me dejó su cuarto y él se fue a dormir al sillón, porque Gerardo ya se apoderó de la recámara.
“Viene (siguió diciendo Bety) con la misma ropa, más vieja y gastada, y los zapatos rotos. Ya le dije que él en su prisa por irse nos dejó la casa, y como terminó con sus ahorros de años, ¡ya lo botaron y regresó!”. Y nos dijo Bety, “Ahora anda fuera, ¡pero advirtió que regresará!”.
Nosotras escuchábamos molestas, imaginando las escenas y el abuso que Gerardo seguía cometiendo con Bety y sus hijos. ¡Vaya descaro de tipo sinvergüenza! ¡Tanto como la dañó!, y ahora regresaba exigiendo un lugar que por su gusto abandonó.
La boda era en tres semanas más y la casa no era problema, Mundo tenía una más grande y aceptaba a Bety con sus hijos. El problema era Gerardo, que llegaba imponiendo su voluntad. Y faltaba lo más difícil, que al llegar él y Mundo se enfrentaran.
Aconsejamos a Bety de la forma más prudente. También le dijimos que ya no tenía obligación de tenerlo ahí, y ella lo sabía, pero ¿cómo echarlo? Él estaba acostumbrado a hacerse obedecer de la forma que fuera. Nosotras nos despedimos y le deseamos lo mejor.
Bety estaba muy nerviosa, sabía que esa tarde iría Mundo, y ahí estaba Gerardo, y tendrían que entregar las últimas invitaciones para la boda.
Mundo llegó puntual, y aunque Bety le había explicado la situación y le había dicho que la esperara a una cuadra, él se negó y le dijo que llegaría hasta su casa.
4.- Al escuchar el auto de Mundo, Bety salió de prisa, tratando de que Gerardo no se enterara, pero apenas iba a sentarse, cuando apareció Gerardo y la jaló del cabello, y manoteaba y amenazaba a Mundo y le preguntaba entre gritos quién era y por qué se llevaba a su mujer; que él era su marido y que no se iría con él. Y Bety sintiéndose protegida por Mundo, le dijo que ya no eran nada, que estaban divorciados por decisión de él y que ella y Mundo se casarían en unas semanas.
Gerardo no iba a ceder tan fácilmente, y como cobarde que era, le tiró dos golpes a Bety, y el tímido Mundo olvidó su amabilidad y don de gentes y se enfrentó a Gerardo y le regresó los golpes con fuerza. Gerardo había tomado desde temprano y perdió el equilibrio y cayó pesadamente al piso. Lo que aprovechó Mundo para decirle: “¡Más vale que te vayas, ésta casa y la que fue tu esposa ya no te pertenecen! Y no pierdas más el respeto de tus hijos. ¡Se acabó! ¡Déjala en paz! Te quiso mucho, pero la perdiste y ¡ahora el afortunado soy yo!”.
Gerardo tomó su saco y el gramo de dignidad que le quedaba y salió de la vida de Bety.
Tres semanas después, disfrutamos esa boda que durante mucho tiempo recordaremos, porque nos divertimos mucho y nadie se fue, sino hasta el final del baile. Pero lo más bonito fue la felicidad que en todo momento manifestó Bety, estaba realmente hermosa, y Mundo se veía muy contento, satisfecho de haber por fin realizado su sueño: tener a Bety a su lado. Y creo que nos contagiaron, porque las eternas solteras del grupo volvimos a tener la ilusión de encontrar a esa “media naranja” que aún no aparece. Por lo pronto nos conformamos con verlos marcharse felices a un corto viaje, y es que el amor correspondido es realmente maravilloso, nos trae de regreso la juventud, nos llena de alegría y nos devuelve los deseos de vivir.
María Carolina
Febrero 14, 2018.