Cuento de Navidad
- Por Raúl Sergio de la FUENTE HERNÁNDEZ
- 10 ago 2019
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Madre, una noche cuando las estrellas rodaban por la montaña y fueron a bañarse al lago azul, vi como las hadas del bosque encantado bajaban de los árboles para unírseles, después se les acercaron los peces; más tarde llegaron las aves nocturnas, así como una innumerable variedad de insectos; luego alegremente se pusieron a cantar y a bailar al compás del viento que venía de un lugar lejano, donde hacía muchos años había nacido un niño llamado Jesús: ¡FESTEJABAN LA NOCHE BUENA!
Yo, desde mi escondite, los veía tan felices que quise pasar inadvertido, pero un hada me descubrió, y tocándome con su varita mágica, me convirtió en un grillito.
¡Qué noche tan maravillosa! Las hadas amorosamente convivían con la naturaleza, los peces salían a la superficie sin ningún temor, las alimañas se habían olvidado de su veneno, las aves nocturnas no tenían hambre, las luciérnagas y las estrellas lucían esplendorosamente bellas, y unidos por un júbilo rebosante, celebraban el acontecimiento más grande de todos los tiempos: El nacimiento del Niño-Dios.
Y, así, participando con esos seres de aquella inefable alegría, sin darme cuenta transcurrieron las horas; y cuando el rosicler anunciaba el nuevo amanecer, opté por retirarme. Dando de saltos, para que no notaran mi ausencia, sigilosamente llegué a mi cama, y cantándole a aquel Niño, me quedé dormido.
Soñé, y nuevamente sentí que el hada me tocaba con su varita mágica: eras tú, que sonriendo besabas mi frente.
Madre, ¿te gustó mi cuento?